Nuevos escritores

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Libros viejos y escritores nuevos

Cuando un buen día de bailas, al pie de la nave gótica,

ma estimada villa corre sardanejar;

cuando la tenora eleva sueño canto lleno de añoranza,

de par en par se me llena el cielo de mi esperanza

y el gozo me hace llorar ...


Ramon Masifern (La sardana)

Compro, actualmente, mucho menos libros que antes y no me sabe mal decirlo. La tarea de las bibliotecas, que en pocos años han aumentado y mejorado de forma importante, facilita el acceso a muchos libros de distracción, de consumo rápido, y también permite hacer una cata de aquellos otros que, a la larga, tal vez compraremos , porque nos han gustado y los queremos tener en casa. Uno de los motivos por los que compro menos es el espacio, que resulta limitado, y que en estos tiempos de acumulación consumista, acaba por abrumarnos debido al exceso de utensilios, ropa, juguetes y todo tipo de cosas , la mayoría inútiles o prescindibles que acumulamos. Otro tema es el tiempo, también limitado, que evidencia, cuando se cuela, que no relee nunca todo lo que pensábamos releer, ni mucho menos. Y un tercer punto a tener en cuenta es la decepción que me han provocado libros que había comprado con ilusión y que no han respondido a mis expectativas. De todos modos, a pesar de ello, termino para comprar más de lo que debería comprar . Hay hombres y mujeres que me aconsejan que, cuando se compra, por ejemplo, un jersey nuevo, hay que tirar de ella algún otro de olvidado, que ya no nos ponemos, y que con los libros tenemos que hacer lo mismo, sustituir siempre. Los libros que compro responden a diferentes factores, subjetivos todos ellos:



a) Libros que alguien en quien tengo fe intelectual me recomienda y que yo, en el fondo, ya estaba dispuesta a comprar. Este sería el caso de mi última adquisición, la reciente edición de Incierta Gloria, motivada por las lecturas de los posts del Café de Ocata.


b) Libros escritos por alguien que conozco, personalmente o, también, virtualmente, a través de los blogs. Me desvelan mucha curiosidad y cotilleo. En algunos casos, si he podido ir a sus presentaciones, me han dedicado personalmente -no entiendo el hecho de pedir una dedicatoria a algún autor que no me conoce de nada, la verdad-. Este sería el caso, por ejemplo, del libro juvenil que publicó recientemente Deric, del Salto al Mundo o del reciente premio de novela YoEscribo, otorgado a Vicente Ambrosio, -a pesar de que no podré ir a el acto de la Espacio Mallorca, cualquier día pasaré a buscar local. O de alguna de las novelas olvidadas de Francisco Puigcarbó. Por cierto, no me gusta que me pidan opinión sobre libros de gente poco o muy conocida, soy absolutamente incapaz de ser objetiva.

c) Libros de viejo, de los encantos, de las librerías de segunda mano. No puedo hacer más, siempre pico, aunque intento no pasarme del presupuesto, no me gusta comprar libros donde no ha indicado el precio, porque entonces parece que el vendedor te pedirá lo que le parezca, según perciba tu interés y soy absolutamente inútil para cualquier tipo de regateo

d) Libros de moda que desvelan mi curiosidad -soy humana- y que, generalmente, no responden a mis expectativas ni a las alabanzas que he leído en los suplementos temáticos. La semana pasada, por la mañana, en San Antonio, voy comprarlos me una segunda edición de las Cosas Vistas de Plan. Porque me gusta y porque hay un par de textos que hacen referencia en el Poble Sec y Montjuïc y, casi sin querer, me estoy haciendo una pequeña colección temática sobre el barrio y sus alrededores. En la misma parada había un pequeño volumen, de un autor que yo no conocía, Ramon Masifern, La vida en el campo, en catalán pre-normativo, prólogo de mosén Cinto y versión castellana detrás de la catalana. Estuve a punto de llevármelo, sobre todo porque llevaba una dedicatoria personal, manuscrita -en letra inglesa de la época-, muy cuidada, a un tal doctor Evaristo, y me provocan una especie de pena honda estos libros dedicados por los autores a personas conocidas. Imagino que algún día, quizá dentro de muchos años alguien s'ensopegarà con alguno mío, también dedicado a algún amigo o amiga, los bisnietos del que habrán vaciado su viejo vivienda, biblioteca incluida. Sic transit ... No me decidir, pero llegué a casa y busqué quién era Masifern, mi ignorancia era total, lo admito. Pues resulta que fue un inquieto intelectual que llevó una activa vida cultural, relojero, escritor -en catalán y castellano-, músico. Era de la Bisbal d'Empordà, donde tiene una calle dedicada y tuvo la suerte -creo que fue una suerte, si ya era grande- de morir en 1936 y ahorrarse, pues, muchas adversidades. Copio la breve reseña de la GEC: Ramon Masifern y Marcó (La Bisbal, 1862-Barcelona, ​​1936) Escritor y compositor de canciones y sardanas que tuvieron una gran difusión. Relojero de oficio, dirigió las publicaciones "El Bisbalense", "El Olotí" y "El Menestral", además del curioso "La Voz del Género de Punto". Poeta de pluma fácil, floralesco, bucólico y verdagueriano, publicó Notas del corazón (1900), La vida en el campo (1910), libro muy reeditado y traducido a cinco lenguas, y Cosas de l'Empordà (1916). También escribió en castellano, y editó, además, En defensa de mosén Jacinto Verdaguer y Manifiesto del buen sentido.

Hoy he vuelto a los encantos de los libros, en San Antonio, decidida a recuperar el libro. A veces he tenido suerte y mi decisión tardía se ha visto recompensada con un reencuentro inesperado, pero hoy no he tenido chamba y el libreto ya no estaba. El destino lo ha desterrado de mi camino de dudas. A los dioses de las bibliotecas pongo por testigos de que, si m'ensopego, aunque sea con algum ejemplar del género de punto, no dejo pasar la ocasión. Por cierto, eso de ser floralesco, bucólico y verdagueriano, tiene un tono algo peyorativo, según como se lea, cosas de la cultura nostrada. Y eso que el éxito del autor, en la época, debía de ser bastante importante, ya que, como se puede leer, La vida en el campo fue muy editado y traducido. Tiene, también, Masifern, un número importante de letras para sardanas de otros compositores. Pues, mira, ya sé algo más sobre literatura catalana, hoy. Parece mentira el número inmenso de personajes que han tenido un peso abrumador en la vida cultural de pueblos y aldeas, que no pertenecen a la primera fila oficial y con los que tenemos, creo, una gran deuda.

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